Sectorización comercial: arbitrar entre teoría y práctica

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Lucie Monnot

Responsable de marketing de contenidos

La sectorización consiste en crear territorios coherentes, compactos y, sobre todo, equilibrados en función de indicadores representativos de la actividad (facturación, número de clientes o puntos de visita, carga de trabajo, potencial comercial, entre otros). Hoy en día, potentes algoritmos permiten proponer una hipótesis de sectorización óptima, basada en el análisis de múltiples parámetros cuantitativos.

Estos modelos avanzados tienen la ventaja de ignorar la sectorización histórica y los criterios que llevaron a su creación, con el objetivo de construir una distribución teóricamente más eficiente.

Sommaire

Sectorisation commerciale arbitrer théorie pratique

La sectorización algorítmica nunca se aplica sin ajustes

Ante esta propuesta teóricamente óptima (respeto estadístico de los valores, territorios equilibrados en distancia y carga de trabajo…), es frecuente observar una fuerte reacción de rechazo por parte de los equipos de campo. Basándose en su experiencia previa, los comerciales suelen considerar que la propuesta es poco realista, debido a que no tiene en cuenta ciertas limitaciones (aumento de las distancias a recorrer, obligación de utilizar rutas con atascos recurrentes…) que tienen un impacto en su productividad y, por tanto, en su capacidad para alcanzar sus objetivos.

La sectorización, tal como es calculada por el algoritmo, rara vez —por no decir nunca— se implementa sin ajustes previos. Son necesarios numerosos ajustes para integrar información difícilmente cuantificable y que el algoritmo no ha podido tener en cuenta: calidad de la relación establecida con ciertos clientes, mantenimiento de carteras históricas, consideración del lugar de residencia de los comerciales… Sin embargo, conviene medir los efectos de estos ajustes manuales.

Muy a menudo, al intentar satisfacer a los implicados y proteger los logros adquiridos, se tiende a volver más o menos a la sectorización anterior, menos óptima en teoría, pero ya aceptada por los equipos de campo, con el riesgo de perder importantes ganancias de eficiencia.

El verdadero reto consiste precisamente en lograr ajustar la sectorización teórica realizada por el algoritmo sin perder sus beneficios ni caer de nuevo en los defectos del modelo anterior. Para ello, es necesario plantearse las preguntas adecuadas y tomar, con conocimiento de causa, decisiones a varios niveles.

1er nivel de arbitraje – ¿priorizar la ubicación de los comerciales o sectores perfectamente equilibrados?

El primer arbitraje que debe realizarse antes de la sectorización es el siguiente: para la creación de los sectores, ¿debe tomarse como punto de partida la ubicación de referencia de los colaboradores (su domicilio, su agencia de adscripción, etc.)? ¿O, por el contrario, debe crearse un número definido de sectores en función de la carga de trabajo a repartir, sin puntos de partida fijos, y asignar posteriormente los comerciales a esos sectores?

No existe una única respuesta correcta: todo depende de la actividad en la que opere la empresa, así como de la naturaleza y el comportamiento de su fuerza de ventas.

Se pueden dar dos tipos de situaciones. La menos habitual es la siguiente: si la fuerza de ventas es estable y está bien distribuida en el territorio a cubrir, puede ser interesante utilizarla como punto de partida. De este modo, los sectores generados serán realistas en cuanto a las distancias diarias a recorrer: un colaborador siempre será más eficiente si desde la mañana ya se encuentra dentro de su territorio de intervención.

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Esta configuración aporta un cierto confort a los comerciales, lo que también puede aumentar su eficacia. Sin embargo, requiere una buena cobertura del territorio previamente: si todos los comerciales están concentrados en la ciudad de Burdeos y los sectores deben cubrir todo el suroeste, no es realista generar los sectores a partir de su lugar de residencia.

La segunda situación se produce cuando los equipos tienen una alta rotación. En este caso, construir los sectores en función del lugar de residencia de los comerciales implica tener que rehacer la sectorización con mucha frecuencia y puede perjudicar las relaciones con los clientes ya establecidas. Es preferible que los territorios se diseñen de forma equilibrada en términos de carga de trabajo y potencial, y que posteriormente sean asignados a los colaboradores por sus responsables.

La ventaja de este enfoque es que los sectores son más estables en el tiempo, salvo cambios importantes en la actividad de la zona. Sin embargo, esta opción puede generar mayor volatilidad si la ubicación de los nuevos comerciales no es óptima respecto al territorio asignado, con el riesgo de una menor cobertura de clientes o prospectos debido a desplazamientos más complejos.

2º nivel de arbitraje – modificaciones manuales para conservar relaciones privilegiadas

Si el algoritmo propone la mejor solución en función de indicadores cuantitativos (tiempo de desplazamiento, equilibrio de los sectores), existen otros indicadores que son difíciles de cuantificar, ya que son cualitativos. Las relaciones cliente–comercial pertenecen a esta categoría: algunas se han construido durante años, pero, salvo que se les asigne un valor medible, su impacto “business” no puede ser tenido en cuenta por el algoritmo.

Es posible conservar parte de estas relaciones privilegiadas mediante ajustes manuales, arbitrando entre aquellas que deben mantenerse de forma imperativa y aquellas que pueden transferirse a un nuevo comercial sin impacto negativo, con el objetivo de no reproducir exactamente los mismos sectores que antes.

De este modo, se pueden modificar ligeramente las asignaciones de clientes dentro de los sectores propuestos, o incluso crear enclaves dentro de un sector para preservar ciertas relaciones. Sin embargo, estas modificaciones se realizan en detrimento de la optimización: los clientes más alejados del sector serán más costosos de visitar en términos de distancia y tiempo.

3º nivel de arbitraje – integración de todos los actores y valorización del conocimiento del terreno

Por último, es necesario integrar en esta nueva sectorización a los actores del terreno: directores regionales o incluso los propios comerciales implicados. Son quienes mejor pueden detectar anomalías en la configuración de los sectores propuestos, especialmente en términos de accesibilidad y viabilidad (tráfico, vías de acceso más fluidas, etc.).

Asimismo, pueden influir en la forma de los sectores en función de criterios de equidad de carga de trabajo. Por razones de recursos humanos, no es viable proponer sectores totalmente urbanos o totalmente rurales dentro de una misma región, ya que esto genera tensiones que solo pueden resolverse ajustando la forma de los territorios.

Cuando los distintos niveles de actores implicados en la sectorización participan en su construcción, se sienten reconocidos como expertos. Al ver valorado su conocimiento del terreno, dejan de posicionarse como opositores a la reorganización y pasan a ser colaboradores.

Su conocimiento de las restricciones operativas y de los imprevistos del terreno no siempre es considerado por el algoritmo, pero contribuye de forma decisiva, durante los ajustes manuales, a crear sectores más realistas y mejor aceptados.

El principal riesgo de la sectorización manual que sigue a la automática es reproducir de forma casi inconsciente la organización histórica. Para lograr una transición exitosa hacia una sectorización optimizada, es necesario implementar una gestión del cambio para todos los actores implicados: equipos de campo, responsables regionales, directivos e incluso clientes, que pueden ver cambiado su interlocutor.

La re-sectorización y la cooperación funcionan conjuntamente: es imprescindible integrar todos los niveles y no solo el nivel de decisión, para poner en valor el conocimiento del terreno. La contrapartida de este esfuerzo de gestión del cambio es la adhesión de todos a la nueva sectorización: una organización más eficiente gracias a la optimización algorítmica, pero también más aceptada porque tiene en cuenta el factor humano y las expectativas individuales.

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