Agua, energía, medioambiente: la smart city comienza por una buena gestión de los recursos
- 22/06/2026
- 14:14
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La ciudad inteligente (smart city) se construye sobre la base de una gestión eficiente, sostenible y conectada de los recursos esenciales como el agua, la energía y el medioambiente. Gracias a las tecnologías digitales y al análisis de datos, las ciudades pueden optimizar su funcionamiento y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Sommaire
¿Smart city: ciudad nueva o futurista?
Todo el mundo ha oído hablar al menos de dos de los proyectos más emblemáticos de esta visión:
Masdar, ciudad nueva del emirato de Abu Dabi – En construcción en pleno desierto desde 2008, esta “eco-ciudad” se extiende en realidad sobre solo 6,5 hectáreas (sin contar las 22 hectáreas del parque fotovoltaico que la alimenta). En su origen debía acoger a 50.000 habitantes en el horizonte 2030, cifra que desde entonces se ha revisado a la baja (40.000).
Songdo, nuevo distrito de la ciudad de Incheon en Corea del Sur – En construcción desde 2003 sobre 610 hectáreas, Songdo recibió a sus primeros habitantes a partir de 2008 y debería contar a largo plazo con unos 65.000.
A esto se puede añadir el proyecto de transformación del barrio de Quayside en Toronto, donde, sobre 324 hectáreas, Alphabet (ex-Google) preveía desplegar las innovaciones urbanas de su filial Sidewalk Labs, antes de abandonar el proyecto en mayo de 2020 debido a la crisis económica, pero también a la fuerte oposición de los habitantes de Toronto.
Agua, energía: smart city, gestión de recursos
Hace apenas diez años, el concepto de smart city remitía a imágenes de ciudades construidas desde cero que utilizaban, por tanto, lo último en técnicas y tecnologías en todos los ámbitos.
A la vez laboratorios y escaparates tecnológicos, estas costosas operaciones “de última generación” han sido concebidas por sus promotores como modelos destinados a ser reproducidos. Aunque se presentan como ejemplares y virtuosas, sin embargo, tienen dificultades para adquirir el estatus de ciudad, tanto localmente (no hay gran interés en instalarse en ellas, por razones de coste, pero no únicamente…) como desde nuestro punto de vista de europeos. A nuestros ojos, en efecto, les falta el espesor histórico y cultural, así como el arraigo territorial que caracterizan nuestra concepción de la ciudad y de la urbanidad.
Esta concepción, menos tecnológica que social y patrimonial, explica que sea tan difícil, especialmente en Francia, demoler para reconstruir desde cero más allá de unas pocas manzanas. Esto explica también que, 60 años después de su creación, Marne-la-Vallée, Melun-Sénart y Évry sigan siendo consideradas ciudades “nuevas”.
Conscientes de los desafíos futuros, los franceses no aspiran por ello al inmovilismo. Testimonio de los imaginarios presentes en una población urbana en más de un 75%, la notable encuesta de l’ObSoCo sobre las “perspectivas utópicas” (2019) subraya el rechazo de las visiones “tecnoliberales” y “seguritarias”, que reúnen respectivamente el 15,9% y el 29,5% de los votos, y la adhesión a la visión “ecológica” (54,6% de los votos). Las puntuaciones obtenidas por las distintas imágenes de ciudades sometidas a los participantes en esta encuesta son, en este sentido, elocuentes:
Projet, demande de démonstration ou d’essai gratuit ?
La smart city, ante todo una ciudad “sostenible”
Sin partir de una hoja en blanco, las ciudades del viejo continente se esfuerzan por transformarse y reinventarse a partir de lo que ya son para hacer frente a los desafíos que se presentan. Estos desafíos son energéticos, climáticos y medioambientales, pero también sociales y económicos. Así, en la acepción europea, la smart city no es tanto una ciudad “hiperconectada”, impulsada y gobernada por lo digital, como una ciudad repensada desde una perspectiva sostenible en lo social, económico y ambiental.
Para ello, moviliza no solo lo mejor de la tecnología, sino también un conjunto de prácticas destinadas a reforzar la inclusión, la vida democrática y el tejido económico.
Esta triple orientación aparece claramente en el estudio publicado en 2014 por el Parlamento Europeo, que identificaba 240 “ciudades inteligentes” dentro de la UE basándose en sus acciones y proyectos en uno o varios de los siguientes ámbitos:
- Ciudadanía: información al ciudadano, acceso a los datos y servicios de la ciudad.
- Calidad de vida: vida local, vida de los barrios, cohesión social, diversidad étnica y cultural.
- Movilidad y transporte: gestión del tráfico, transporte “suave”, coche y bicicleta compartidos, reducción de la contaminación, gestión de la multimodalidad y del estacionamiento…
- Economía: viveros de empresas, incubadoras, espacios de coworking, polos de competitividad, desarrollo de las TIC…
- Medio ambiente y energía: edificios de energía positiva, gestión y valorización de residuos, control del consumo de agua y energía, desarrollo de energías renovables, circuitos cortos…
- Gobernanza: democracia participativa/colaborativa, voto electrónico, open data…
No se trata de oponer modelos, con una parte de visión tecnicista y mecanicista de la ciudad promovida por los actores industriales a través de sus prototipos, y por otra una visión de ciudad orgánica y humanista. La idea principal del concepto de smart city, y de todas las iniciativas de las ciudades que se reivindican como tales, es que lo digital va, de una forma u otra, a permitir aportar respuestas más inteligentes —más ingeniosas, menos costosas, más coordinadas— a los desafíos urbanos de las próximas décadas.

Hacer las redes inteligentes para preservar los recursos
En un contexto de un crecimiento urbano mucho menor que en los países emergentes y en desarrollo, las ciudades del viejo mundo (y las ciudades antiguas en general) se enfrentan sin embargo a la necesidad de controlar de principio a fin los recursos de agua y energía, tanto para ahorrar estos propios recursos como para reducir los costes de explotación de las infraestructuras y redes que aseguran su distribución. Ahora bien, estas infraestructuras fueron diseñadas con ingenio, sí, pero en una época en la que nadie pensaba seriamente que estos recursos vitales pudieran agotarse o escasear. En Francia, por ejemplo, las redes de agua tienen entre 50 y 150 años.
Estas redes envejecidas deben modernizarse, y esto es aún más imprescindible porque entre el 20% y el 30% del agua desaparece entre el lugar de producción y el punto en el que llega al grifo. Esto significa que se produce, a alto coste, agua de calidad sanitaria que se pierde literalmente porque las tuberías ya no están en buen estado y no se sabe localizar las fugas u otros puntos débiles. Este desperdicio de agua (y de energía) tiene evidentemente un impacto al alza en la factura de agua/saneamiento de hogares y empresas. Se entiende por qué, en todo el mundo, los municipios y las estructuras intermunicipales están abordando la modernización de sus redes de agua y saneamiento.
Esta modernización debe realizarse necesariamente con los medios tecnológicos actuales, y es precisamente para acompañar a los actores locales en esta transformación que NOMADIA es socio de SUEZ SMART SOLUTIONS. Con 250 expertos en todo el mundo, esta filial del grupo Suez está especializada en soluciones de recogida de datos (contadores inteligentes, sensores, sondas) destinadas a alimentar modelos digitales y aplicaciones en tiempo real que permiten a las administraciones evolucionar hacia un uso más racional de los recursos y una mayor resiliencia en tiempos de crisis.
“La solución Opti-Time de NOMADIA es el corazón de esta asociación”, explica François Moreau, director comercial de SUEZ SMART SOLUTIONS. Utilizada por cerca de 4.000 técnicos y planificadores en Suez, permite optimizar las intervenciones en terreno, tanto en la fase de equipamiento de una red con sensores y contadores inteligentes como en la fase de explotación para asegurar el mantenimiento de estos equipos. Opti-Time encaja perfectamente en las respuestas que desarrollamos para nuestros clientes, especialmente por su capacidad de integrar en el cálculo de las rutas las restricciones específicas del mundo del agua. Al responder conjuntamente a licitaciones, somos capaces de garantizar una planificación óptima de las intervenciones técnicas y, por tanto, una gestión global menos costosa.”
SUEZ SMART SOLUTIONS y NOMADIA ya han respondido conjuntamente a varias licitaciones, en Francia y a nivel internacional. Así que pronto deberíamos tener nuevos proyectos interesantes que presentar.