Separación en origen de los biorresiduos: ¿por qué su empresa está afectada?

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Lucie Monnot

Responsable de marketing de contenidos

A partir del 1 de enero de 2024, todos los biorresiduos producidos en Francia deberán separarse en origen para poder ser valorizados. Hagamos un repaso de las implicaciones de esta nueva obligación, que afecta tanto a los hogares como a todas las empresas, independientemente de su sector de actividad y del volumen de biorresiduos que generen.

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Biorresiduos: ¡residuos que en realidad no lo son!

Desde agosto de 2021, el Código de Medio Ambiente francés define los biorresiduos como «los residuos no peligrosos biodegradables de jardines o parques, los residuos alimentarios o de cocina procedentes de hogares, oficinas, restaurantes, comercios mayoristas, comedores colectivos, servicios de catering o establecimientos de venta al por menor, así como los residuos comparables procedentes de las industrias de transformación de productos alimentarios» [art. L. 541-1-1].

En otras palabras, los biorresiduos engloban todos los productos y materiales de origen orgánico, hayan sido o no objeto de un proceso de transformación. Esto incluye desde un corazón de manzana hasta productos caducados de la industria alimentaria, pasando por aceites vegetales usados y restos de poda o césped cortado. A pesar de su diversidad, todos estos materiales tienen una característica esencial en común: pueden ser valorizados, ya sea en forma de fertilizante (compostaje) o de biogás (metanización), y, dentro de una lógica de economía circular, pasar así de la categoría de «residuos que deben eliminarse» a la de recursos.

Sin embargo, al igual que ocurrió con el reciclaje del vidrio y del papel, la valorización de los biorresiduos requiere la creación de una cadena completa que garantice la recogida y la transformación de los materiales, sin olvidar la organización de su distribución posterior. La existencia de una cadena estructurada es, de hecho, la condición necesaria para abandonar las prácticas tradicionales vigentes durante décadas, es decir, la eliminación de los biorresiduos mediante incineración o vertido en vertederos.

Estos dos procedimientos son contaminantes, generan emisiones de gases de efecto invernadero, consumen energía y espacio y, además de su importante impacto ambiental, resultan económicamente costosos para las administraciones públicas y para el conjunto de la ciudadanía.

La etapa del 1 de enero de 2024: la obligación de separación en origen para todos

Una cadena de reciclaje y valorización solo puede funcionar de manera sostenible si recibe un suministro suficiente y constante de materia prima, en este caso, biorresiduos.

Con una producción de 28,4 millones de toneladas de biorresiduos al año (fuente: Ademe), el recurso disponible está lejos de agotarse. Sin embargo, es necesario lograr su movilización, ya que se encuentra muy disperso: todas las organizaciones y todas las personas generan biorresiduos. Ese es precisamente el objetivo de la separación en origen y de las normativas destinadas a generalizarla.

Las primeras disposiciones sobre la obligación de separación en origen, derivadas de la Ley Grenelle 2 (2010) y de la Ley de Transición Energética para el Crecimiento Verde (2015), entraron en vigor en 2016 y solo afectaban a organizaciones, empresas y administraciones que producían más de 10 toneladas de biorresiduos al año.

El 1 de enero de 2023, la Ley AGEC (Ley contra el desperdicio para una economía circular) de 2020 amplió esta obligación a las organizaciones y profesionales que generan más de 5 toneladas de biorresiduos al año.

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El 1 de enero de 2024, la obligación de separación en origen se generaliza a todos los hogares y organizaciones, desde el primer kilogramo de biorresiduos producido.

Gracias a la aplicación progresiva de estas medidas a lo largo del tiempo, puede considerarse que los mayores productores ya han implantado los dispositivos necesarios para garantizar la separación en origen de sus residuos orgánicos con vistas a su valorización. Este es, en particular, el caso de:

  • La industria agroalimentaria, cuyas plantas están incentivadas a invertir en sus propias instalaciones de valorización energética cuando los volúmenes lo justifican.
  • La gran distribución, obligada por la ley contra el desperdicio a reducir los volúmenes de biorresiduos y a donar los productos no vendidos y los excedentes a asociaciones de ayuda alimentaria, teniendo en cuenta que los distribuidores tienen ahora prohibido inutilizar para el consumo alimentos que todavía son aptos para ser consumidos.
  • Las administraciones territoriales, que desempeñan un papel fundamental tanto como productoras directas e indirectas de residuos verdes y residuos alimentarios, como porque son las responsables de ofrecer a los hogares soluciones de separación y recogida de biorresiduos en todo su territorio.

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La próxima etapa, la del 1 de enero de 2024, representa un desafío, ya que implica, por una parte, el despliegue efectivo de medios de separación y recogida a la altura de los volúmenes que deben tratarse y, paralelamente, algo igualmente esencial: el cambio de comportamiento por parte de los «pequeños» productores.

Si se tiene en cuenta que, a pesar de los incentivos y las campañas de comunicación, los biorresiduos siguen representando el 38 % de la basura doméstica (fuente: Ademe), se comprende que el objetivo de alcanzar el 100 % de separación en origen no se logrará de la noche a la mañana.

¿Solo un contenedor más? ¿Qué ocurrirá concretamente en su empresa?

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¿Qué sucederá concretamente en su empresa el 1 de enero de 2024 si forma parte de los «pequeños productores» de biorresiduos que deben implantar la separación en origen?

En primer lugar, debe saber que el municipio donde está establecida su empresa no tiene la obligación de proporcionarle una solución.

Sí está obligado a hacerlo para los hogares, algo que muchas administraciones locales han anticipado desde hace tiempo, por ejemplo distribuyendo compostadores individuales o instalando puntos de recogida voluntaria.

No obstante, algunas entidades territoriales han ampliado estos dispositivos a empresas y profesionales, bajo determinadas condiciones de volumen. Antes incluso de informarse sobre la posible elegibilidad de su empresa para acceder a los equipos de separación y a los servicios de recogida establecidos por la autoridad responsable de la gestión de residuos en su territorio (ayuntamiento o mancomunidad), conviene realizar un esfuerzo previo para identificar, clasificar y cuantificar sus biorresiduos.

Si no existe ningún sistema público disponible, será responsabilidad de su empresa buscar, a través de una compañía especializada en la recogida y/o valorización de residuos, la solución más adecuada para los tipos y volúmenes de biorresiduos que genera.

En cualquier caso, esta solución se traducirá en sus oficinas, talleres y demás instalaciones en la incorporación de contenedores o cubos específicos para residuos orgánicos, generalmente suministrados por el proveedor elegido. Sin embargo, ¡atención! Esto solo tiene sentido si dichos recipientes se utilizan realmente. De ahí la importancia de sensibilizar a TODOS los empleados sobre los retos de la separación sistemática de los biorresiduos, incluso si, en su caso, estos se limitan a restos de comidas consumidas en el lugar de trabajo y bolsitas de té usadas.

Teniendo en cuenta que la implantación de una recogida separada de biorresiduos supone un coste para la empresa (una media de 780 euros por tonelada según Ademe, y hasta 1.210 euros por tonelada para los pequeños productores), es fundamental hacerlo correctamente y aprender a depositar en los contenedores específicos únicamente aquello que realmente puede ser valorizado.

La calidad de la separación en origen condiciona todas las etapas posteriores, es decir, las operaciones que llevará a cabo el proveedor de servicios o la administración de la que dependa. También determina los volúmenes reales de biorresiduos que deben recogerse en cada territorio y, en consecuencia, la frecuencia de las recogidas y la organización de las rutas de los operadores.

En Nomadia, conocemos bien esta realidad: las empresas del sector utilizan nuestras soluciones de software para racionalizar y optimizar sus rutas de recogida. De este modo, reducen los kilómetros recorridos, el número de camiones necesarios y las emisiones de CO₂ asociadas, contribuyendo así a la viabilidad económica y ambiental de la cadena de tratamiento y valorización de los biorresiduos.

Usted también puede aportar su granito de arena convirtiendo la gestión y separación de sus biorresiduos en una prioridad dentro de su programa de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) para finales de 2023. Si pone en marcha su proyecto ahora, como pequeño productor, tendrá muchas posibilidades de estar completamente preparado para el 1 de enero de 2024.

La gestión de los biorresiduos es un aspecto crucial en el sector del reciclaje, y prepararse con antelación es esencial para seguir siendo competitivo y cumplir con las exigencias legales. Nuestra solución de optimización de rutas ha sido diseñada específicamente para ayudar a las empresas de reciclaje de residuos a afrontar este desafío.

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